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Si sometemos nuestros planes en manos de Dios, podemos descansar mientras Él obra poderosamente. 




La mayor dificultad que experimentamos las personas, es realizar las cosas a nuestra manera y desarrollar planes al margen de Dios. Es hora de revisar cuál es nuestra actitud al respecto e imprimir cambios. No se pierda esta poderosa enseñanza.

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Guardar rencor, acariciar el resentimiento y alimentar el odio, nos enferma e impide vivir plenamente. La salida a esa encrucijada estriba en perdonar. La Palabra nos lo enseña, pero va más allá: nos revela que perdonar nos hace libres. Descubra cómo hacerlo.

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Descubra por qué Dios puede cambiar el curso de su historia personal y familiar. 

Por Fernando Alexis Jiménez | Twitter @leer_la_biblia
¿Sabía usted que la música trae tranquilidad a las personas? Diferentes ritmos una sensación de paz generan en nuestro organismo. Otros, por el contrario, producen ansiedad, especialmente aquellos que son estridentes y desatan un estado desasosiego.
Leí que, incluso, hay música que altera los estados de ánimo de las mascotas.
David Teie es un intérprete del violonchelo que sufre alergia con los gatos. Sin embargo, es el compositor de varios temas que ha subido a YouTube y otras plataformas y que tienen la extraña característica de calmar a los felinos cuando están inquietos.
Según ha confesado el artista, enfocó su trabajo en convertir los ronroneos y otras expresiones gatunas, en sonidos musicales. Para lograr este propósito, utiliza 26 instrumentos. Cuando los escuchan, los animalitos entran en un estado de bienestar.
Ahora bien, lo interesante es que en usted y en mí también funciona la música. Es una herramienta valiosa a la que podemos acudir cuando nos encontramos con ansiedad, depresivos, enojados o irritables.
El arista David Teie ha compuesto música para gatos inquietos.
El arista David Teie ha compuesto música para gatos inquietos.
Pueden ser temas instrumentales o la música cristiana, que resultan muy tranquilizadores.
Por este motivo, cuando estamos sumidos en la desesperanza o la angustia como consecuencia de las circunstancias adversas, nos suenan como música las palabras que pronunció el Señor Jesús a una multitud:
“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.” (Mateo 11: 28-30 | RV 60)
Hay momentos en los que el desespero toca a nuestra puerta. No podemos darnos por vencidos.
Es justamente en esos períodos cuando debemos ir al Señor Jesucristo en oración y contarle cómo nos sentimos.
Hable con Dios al orar en intimidad y hágalo hasta que escuche la suave voz hablándole a su mundo interior, esa voz que nos trae paz y tranquilidad.
No podemos llevar la carga solos. Si nos empecinamos en hacerlo, nos daremos por vencidos fácilmente.
Hoy es el día de volver nuestra mirada al Señor Jesús y confesarle cómo nos sentimos. Lo hacemos como a un amigo, pero también, conscientes de que nos estamos dirigiendo a Dios, que todo lo puede.
No olvide jamás que el Señor trae descanso a nuestro ser para tener la fortaleza que nos permita reemprender el camino, tomados de Su poderosa mano.
Si no ha recibido a Jesucristo, hoy es el día para que lo haga. Permítale tomar el control de su vida. Él es el único que puede cambiar el curso de su historia y la de su familia.
Le animamos a leer diariamente el www.altar-familiar.com y los www.devocionales.com Si desea estudiar, visítenos en www.institutobiblicoministerial.com
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Desarrollamos confianza en Dios en medio de la adversidad, porque Él responde a nuestras oraciones. 

Dios honra nuestra fe porque depositamos nuestra confianza en Él, aun cuando las circunstancias sean adversas.


Por Fernando Alexis Jiménez | Twitter @leer_la_biblia 
Lo que marca la diferencia de una persona que atraviesa por una crisis profunda –sea de carácter personal, familiar, espiritual, económica o del género que sea–, es su grado de confianza en Dios
Él es quien tiene el poder para cambiar el curso de la historia y transformar las circunstancias, como escribe el apóstol Pablo:
“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.” (Romanos 8: 28 | RV 60)
No obstante, el común de las personas fácilmente se deja arrastrar por la desesperación y sinnúmero de personas llegan a considerar que se encuentran en un callejón sin salida.
El rey David escribió un principio que cobra particular vigencia en nuestros días:
“Pero la salvación de los justos es de Jehová, y él es su fortaleza en el tiempo de la angustia. Jehová los ayudará y los librará; los libertará de los impíos, y los salvará, por cuanto en él esperaron.”(Salmos 37:39, 40 | RV 60) 
El texto deja sentados los siguientes principios:
1. La Salvación de quien se encuentra en una situación de desespero, se encuentra únicamente en Dios.
2. Los justos que han cifrado todas sus esperanzas en Dios, encontrarán respuesta a sus necesidades.
3. En los momentos críticos, Dios nos brinda la fortaleza que necesitamos.
4. La ayuda en el momento oportuno proviene del Padre celestial.
5. Dios honra nuestra fe porque depositamos nuestra confianza en Él, aun cuando las circunstancias sean adversas.
Desafortunadamente cuando surgen situaciones críticas e inesperadas, la inclinación de toda persona es pensar que todo ha terminado o que, quizá, se encuentra al borde de un abismo.
REDEFINIENDO LA CONFIANZA EN DIOS
Lo más probable es que consideremos que confiar en Dios consiste solamente en volver nuestra mirada a Él cuando nos acosan los problemas. Una vez superada la circunstancia adversa, el común de las personas se olvida de Dios. Pero, cuando retornan las dificultades, de nuevo vuelven a clamar y se repite el círculo.
Confianza en Dios es algo más. Distinto a lo que tal vez creemos. En esencia es caminar con Él en todo momento y tener la certeza de que vendrá en nuestro auxilio cuando lo necesitamos.
En la Palabra leemos:
“Gustad, y ved que es bueno Jehová; dichoso el hombre que confía en él. Jehová redime el alma de sus siervos, y no serán condenados cuantos en él confían.”(Salmo 34: 8, 22| RV 60)
La misericordia de Dios es tan grande que no la podemos comprender, al menos no con nuestra mente finita. Él viene a socorrernos cuando creemos que hay salida del mal momento que estamos experimentando.
El apóstol Pablo lo entendió. Probablemente recordará su historia cuando era trasladado prisionero hacia Roma.
Por espacio de varios días la nave en que lo transportaban, estuvo al borde del naufragio. La dramática escena fue descrita por el autor del libro de los Hechos de los apóstoles:
“Y soplando una brisa del sur, pareciéndoles que ya tenían lo que deseaban, levaron anclas e iban costeando Creta. Pero no mucho después dio contra la nave un viento huracanado llamado Euroclidón. Y siendo arrebatada la nave, y no pudiendo poner proa al viento, nos abandonamos a él y nos dejamos llevar. Y habiendo corrido a sotavento de una pequeña isla llamada Clauda, con dificultad pudimos recoger el esquife. Y una vez subido a bordo, usaron de refuerzos para ceñir la nave; y teniendo temor de dar en la Sirte, arriaron las velas y quedaron a la deriva. Pero siendo combatidos por una furiosa tempestad, al siguiente día empezaron a alijar, y al tercer día con nuestras propias manos arrojamos los aparejos de la nave. Y no apareciendo ni sol ni estrellas por muchos días, y acosados por una tempestad no pequeña, ya habíamos perdido toda esperanza de salvarnos.”(Hechos 27: 13-2 | RV 60)
Millares de personas se encuentran en el límite de la desesperación. Sin embargo, Pablo los alentó. Sus palabras resultaron esperanzadoras en ese momento crítico. Los animó a depender de Dios, a llevarle su angustia en oración y tener la plena certeza de que Él respondería poderosamente. Lo leemos en Hechos 27: 22-25:
“Pero ahora os exhorto a tener buen ánimo, pues no habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros, sino solamente de la nave.  Porque esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios de quien soy y a quien sirvo, diciendo: Pablo, no temas; es necesario que comparezcas ante César; y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo. Por tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como se me ha dicho.”
Tal como el apóstol Pablo lo había dicho referente al naufragio “… aconteció que todos se salvaron saliendo a tierra.” ¡Dios siempre cumple Su palabra! Nunca nos abandona.
De hecho, en las Escrituras leemos:
“Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos. En las manos te llevarán, para que tu pie no tropiece en piedra.” (Salmo 91: 11,12| RV 60)
Es probable que en este momento esté atravesando por una situación desesperada. Puede ser de orden espiritual, emocional o económica. Para ser sincero, el listado puede ser muy prolongado. Cuando ocurra esto, antes que precipitarse en las aguas correntosas y profundas de la desesperación, recuerde lo que escribió el apóstol Pablo: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” (Filipenses 4: 13| RV 6)
No hay circunstancia por difícil que parezca, que no podamos superar con ayuda de nuestro Dios y Padre.

En los momentos críticos, Dios nos brinda la fortaleza que necesitamos.


RENDIRLE A DIOS EL CONTROL DE NUESTRAS VIDAS
Si desea saber si en realidad usted confía en Dios verdaderamente, pregúntese si le ha rendido el control de toda su vida. Cuando haga una auto evaluación honesta, hallará la respuesta a este interrogante.
En los salmos, el rey David escribe unas líneas que resultan reveladoras para nuestro tiempo:
“Confía en Jehová, y haz el bien; y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad. Guarda silencio ante Jehová, y espera en él. No te alteres con motivo del que prospera en su camino, por el hombre que hace maldades.” (Salmo 37: 3, 7 | RV 60)
Cuando confiamos en Dios, disfrutamos lo mejor de la tierra, que es una de las múltiples manifestaciones de las bendiciones que Él tiene para nosotros y nuestras familias. Ligado a esto, se encuentra un principio que debemos atesorar en nuestro corazón: aprender a esperar en el Señor, ya que Él tiene su propio tiempo.
Tal vez hasta hoy ha querido tener el control de cuanto le acontece, y si sale al paso algo inesperado, se desespera, cae en frustración y no quiere seguir adelante. ¿Le a acontecido? Entonces es tiempo de cambiar. Recuerde lo que enseñan las Escrituras:
“Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará.” (Salmo 37: 5 | RV 60)
Dios tiene el control. Él no improvisa. Conoce las cosas antes de que acontezcan. Es una de las poderosas razones para confiar en Él ya que, como hemos insistido, puede cambiar el curso de la historia.
En momentos de una profunda desesperación y crisis, el salmista lo entendió así y escribió:
“Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.” (Salmo 23. 1- 3| RV 60)
Confiar, esa es la palabra clave porque tenemos a un Padre amoroso que nos acompaña.
DEJAR ATRÁS LA ANGUSTIA
Los tiempos que vivimos son intensos. Decenas de personas se preocupan por el ayer que pasó y que no pueden recuperar, y por el mañana que aún no llega. Por esas dos razones olvidan vivir el presente.
Alrededor del tema, el Señor Jesús compartió una poderosa enseñanza que hacemos bien en recordar:
“Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?… Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.” (Mateo 6: 25, 30-32| RV 60)
Medite en ese pasaje cuidadosamente. Léalo cuantas veces sea necesario. Podrá reafirmar en su corazón una verdad transformadora: Dios tiene especial cuidado de nosotros.
Desde el momento en el que lo entendemos, cambia nuestra existencia porque volvemos la mirada al Autor de la vida, quien tiene el poder para cambiar el curso de las circunstancias y aún de la misma historia. Él es nuestro pronto auxilio en los momentos de tribulación.
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El pecado llevo al género humano a perder las bendiciones de Dios.

Cuando Dios concibió el universo y dispuso colocar en el al género humano, tenía en mente que disfrutara de abundantes bendiciones. Todo cuando había creado era para su disfrute. No habría escasez sino abundancia. Es lo que había en el corazón de un padre amoroso. Siempre ha sido así.
Pero, ¿qué produjo la maldición en Adán y va y, a través de ellos, hasta nosotros hoy? El pecado.
Para descubrir qué ocurrió, es necesario que vamos a las Escrituras y escudriñemos los orígenes de todo.
En este recorrido descubriremos varios aspectos interesantes:
1.- La creación de Dios era para bendecirnos. Lo podemos leer en los siguientes pasajes:
“En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así. Produjo, pues, la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla está en él, según su género. Y vio Dios que era bueno. Y fue la tarde y la mañana el día tercero. Dijo Dios: Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra, en la abierta expansión de los cielos. Y creó Dios los grandes monstruos marinos, y todo ser viviente que se mueve, que las aguas produjeron según su género, y toda ave alada según su especie. Y vio Dios que era bueno. Y Dios los bendijo, diciendo: Fructificad y multiplicaos, y llenad las aguas en los mares, y multiplíquense las aves en la tierra. Y fue la tarde y la mañana el día quinto. Luego dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie. Y fue así. E hizo Dios animales de la tierra según su género, y ganado según su género, y todo animal que se arrastra sobre la tierra según su especie. Y vio Dios que era bueno. Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.” (Génesis 1:1, 11-13, 20-26| RV 60)
Al leer la porción de las Escrituras descubrimos que el Señor jamás puso límites y absolutamente todo era para el disfrute del género humano.
2.- Los planes de Dios contemplaban bendecir generaciones por siempre. No escasearían los alimentos. Tampoco los recursos naturales. La abundancia permanecería en el tiempo.
“ Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.”(Génesis 1: 28 | RV 60)
Si hoy no disfrutamos de las bendiciones de la tierra y las provisiones, no es que así lo haya dispuesto el Creador. Fue el género humano quien se lo buscó.
3.- El hombre recibió autoridad sobre la creación. De hecho, fue asignado como administrador de las bendiciones. Es parte de la naturaleza de Dios, procurar lo mejor para nosotros, a quienes Él ha amado desde la eternidad:
“Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer. Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue así. Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto.” (Génesis 1:29-31| 60)
Lamentablemente las sequías y los cambios climáticos que apreciamos hoy con devastadoras consecuencias, son el fruto de una mala administración que hacemos de la provisión divina.
4.- El hombre tiene sobre sus hombros una enorme responsabilidad. Lo creado era por siempre. Ese fue siempre el plan de Dios. La responsabilidad del género humano era disfrutar lo que proveía el Padre.
“Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado. Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal.  Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase.” (Génesis 2: 8, 9, 15 | RV 60)
5.- Dios estableció unos límites que no podemos desconocer. Si él traza unas pautas que debemos tener en cuenta, es para nuestro propio bien. Es lo que definió en el huerto del Edén:
“Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.”(Génesis 2: 16, 17 | RV 60)
6.- Desde el comienzo satanás se ha empecinado en robarnos las bendiciones. Sabe que el ser humano, si no está firme, asido del Dios y Padre, puede caer fácilmente y ceder:
“Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: ¿No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal. Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió, así como ella.  Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales.”(Génesis 3:1-7| RV 60)
El adversario nos siembra tentaciones a través de engaños que llegan a materializarse en pensamientos de maldad, creando una realidad virtual y mentirosa. Esa es la razón de las caídas morales y espirituales a en toda la historia.
7.- El pecado rompió históricamente el fluir de las bendiciones. Lo podemos leer en el pasaje del Génesis 3:8-21.
“Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida.”(Génesis 3:17 | RV 60)
Cuando una persona anda en ruina, fracaso, enfermedad y maldiciones, uno de los aspectos que se debe tener en cuenta es el grado de pecado que gobierna su vida. Ahí está la raíz de todo.
8.- El pecado rompió la relación con Dios y lo llevó a la escasez. Producto de su error, de la desobediencia, fue expulsado del paraíso. Las consecuencias no se hicieron esperar:
“Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre.  Y lo sacó Jehová del huerto del Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado.  Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.” (Génesis 3:22-24 | RV 60)
Hasta tanto nuestra relación sea distante de Dios, no podemos esperar movernos en la dimensión de las bendiciones que tanto anhelamos.
9.- Cristo restauró todo por su muerte en la cruz. Su sacrificio hizo posible el perdón de nuestros pecados, nos ofrece vida eterna y, además, restaura las bendiciones.
“Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante. Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual. El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales. Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial. Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.”(1 Corintios 15:45-50| RV 60)
Las bendiciones están a nuestro alcance. Fueron concebidas por Dios para nosotros. Cristo Jesús las hace posible gracias a su sacrificio en el calvario.
El paso esencial es que lo recibamos en el corazón como nuestro único y suficiente Salvador. Él trae transformación a nuestra vida personal, espiritual y familiar.
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Con ayuda de Dios encontramos la salida a los momentos de crisis en los que queremos renunciar a la vida cristiana. 

El apóstol Pablo reconocía su debilidad, y dice, sólo así se le podía dar la gloria a Dios. Sobre esa base, ningún problema lo detenía. Su actitud marcaba la diferencia.


¿Cuántas veces ha sentido que está a punto de desfallecer? Posiblemente muchas. Quiso renunciar a su vida cristiana, al compromiso de moverse alrededor de principios y valores, a la necesidad de enseñar a partir del ejemplo más que por las palabras. Esos días las hemos vivido todos. Crisis que han tocado a nuestra puerta.
Debemos estar preparados porque situaciones complejas, que amenazan nuestro caminar como creyentes, es probable que se presenten pronto o, tal vez, usted las está viviendo hoy. Es en ese momento cuando debemos saber qué hacer.
MITOS QUE DEBEN CAER
A través de esos desiertos, lo primero que debemos hacer es derrumbar al menos cinco mitos que se han tejido en torno a ser cristiano:
  • Cuando nos convertimos a Cristo, nos libramos de todos los problemas. Nada nos exime de enfrentar dificultades, muchas de las cuales provienen del enemigo para ponernos tropiezos.
  • La Biblia tiene una respuesta para todos nuestras preguntas y periodos de crisis. Tampoco es acertado. Cuando en la Escritura no encontramos la respuesta exacta a nuestras inquietudes, es a la oración intensa y la dependencia de Dios en la que debemos ocupar. Confiar en su guianza.
  • Si alguien tiene problemas, no es un buen cristiano. Erróneo. Todos los creyentes en el Señor Jesús hemos y quizá, aún hoy, enfrentado situaciones difíciles.
  • Siempre sabremos la meta a la que debemos llegar. No es así. Como el pueblo de Israel cuando Dios lo sacó de Egipto, Él nos va mostrando cada jornada un día a la vez.
Las ideas equivocadas deben caer porque, de lo contrario, van a llevarnos a la frustración porque nos venden una idea tergiversada y casi que exigen el que seamos perfectos.
FORTALEZA PARA AVANZAR
Cuando pensamos en las crisis y cómo sobreponernos a ellas, lo más apropiado es ir a la Palabra. Y, particularmente, el apóstol Pablo  nos ofrece una respuesta que debemos considerar:
“Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos. Porque nosotros que vivimos, siempre estamos entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal.”(2 Corintios 4:7-11 | RV 60)
Este pasaje es poderoso. Nos muestra una ruta que podemos definir de manera sencilla.
Comienza con la fortaleza que viene de Dios cuando nos acogemos a Él. De la mano con esa fortaleza, se encuentra nuestra actitud, que no debe ser derrotista sino de fe, confiando siempre en Aquél que nos creó y nos asegura la victoria, cualquiera sea la circunstancia. Y, en tercer lugar, la certeza de que Él nos ayuda a avanzar para encontrar la salida al laberinto. No hay problema, por grande que parezca, que no podamos superar.
Observe cuidadosamente que el apóstol Pablo no se creía superior ni con la capacidad de sobreponerse a los tropiezos. No. Él reconocía sus limitaciones y sólo así, escribe, se le podía dar la gloria a Dios. Sobre esa base, ningún problema lo detenía. Su actitud marcaba la diferencia. Sabía que, en cualquier momento, los obstáculos podían salir al paso y había que enfrentarlos.

Cuando dependemos de Dios, encontramos fortaleza para avanzar en medio de las circunstancias adversas.


CAMINANDO HACIA LA MADUREZ
Cuando hay tropiezos, muchos se dan por vencidos fácilmente. Sencillamente, renuncian o vuelven atrás.
Contrario a lo que puede ser nuestra primera inclinación frente a las adversidades, Dios espera que maduremos, que experimentemos un proceso de cambio y crecimiento continuos.
En su carta a los Hebreos, el autor lo deja escrito así:
“Acerca de esto tenemos mucho que decir, y difícil de explicar, por cuanto os habéis hecho tardos para oír. Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido.  Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.”(Hebreos 5:11-14| RV 60)
Muchos cristianos se encuentran en esa situación. Van a la iglesia, aportan para la obra, memorizan versículos bíblicos e, incluso, extensos pasajes y escuchan coros, pero siguen igual. Viven bajo el viejo hombre.
Evidencias de madurez cristiana
Quizá se pregunte: ¿Cómo puedo yo comprobar que estoy experimentando madurez en mi vida cristiana? La respuesta puede ser muy extensa, pero permítanos citar algunas características:
  • Renunciar al pecado.
  • Renunciar a vivir atados al pasado.
  • Llevar a la práctica lo que aprendemos en la Palabra de Dios.
  • Asumir nuevos principios y valores tomados de la Palabra.
  • Amar y perdonar, como principios rectores de nuestro comportamiento cotidiano.
  • Depender de Dios en todas las circunstancias, incluyendo los períodos de tentación.
En Dios encontramos la guía y la fortaleza para enfrentar todas las situaciones adversas que nos acosan, pero, además, damos pasos firmes para cambiar y crecer cada día. Madurez. Aquello que Él anhela para que asumamos la tarea de formar a otros.
Todos los problemas tienen solución en nuestro amado Padre y Creador. La decisión de caminar tomados de Su mano, es solo suya.
Si aún no ha recibido a Jesucristo como su único y suficiente Salvador, es hora de que lo haga. Ábrale las puertas de su corazón y experimente cambios a nivel personal, espiritual y familiar.
Mensaje tomado del portal www.selecciondeestudiosbiblicos.org


Prepárese. Dios desea obrar milagros en su vida. Basta que tenga fe. Hoy es el día para que algo especial ocurra.

El tiempo de los milagros de Dios no ha terminado. Usted puede recibir su milagro. Basta que se disponga a creer.


Los milagros ocurren en nuestro tiempo. Aun cuando haya quienes dudan, el poder sobrenatural de Dios sigue manifestándose. De hecho, Él dijo a través del profeta Isaías: “He aquí, no se ha acortado la mano del SEÑOR para salvar; ni se ha endurecido su oído para oír.” (Isaías 59: 1 || La Biblia de Las Américas) Si no vemos más hechos portentosos, no es porque Él no quiera sino porque hemos permitido que la duda levante enormes barreras.
Probablemente usted requiera de un milagro. Se pregunta: ¿Qué debo hacer? La respuesta es sencilla: Creer. Pero si aún el interrogante sigue rondando su corazón, le proponemos una ruta sencilla que encontrará en Juan 9:27-31:
1.- PERSEVERANCIA
Generalmente pedimos y, al no ver una respuesta inmediata, nos damos por vencidos. Sin embargo, los dos invidentes que procuraban un milagro, no se dejaron intimidar por quienes querían que callaran:
“Pasando Jesús de allí, le siguieron dos ciegos, dando voces y diciendo! Ten misericordia de nosotros, Hijo de David! Y llegado a la casa, vinieron a él los ciegos” (Juan 9:27, 28 a| RV 60)
Perseverar juega un papel importante en la búsqueda de un obrar sobrenatural del Señor en nuestras vidas y en las de aquellas personas a quienes amamos.
2.- CREER POR ENCIMA DE LAS CIRCUNSTANCIAS
No podemos olvidar que las personas enfermas o, como en el caso de los invidentes tenían alguna limitación, experimentaban marginamiento por parte de la sociedad judía. Los excluían. Pese a ello, estas dos personas creyeron, aun sin ver. Las circunstancias no los doblegaron:
… y Jesús les dijo: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos dijeron: Sí, Señor.”(Juan 9:28 b| RV 60)
No basta con decir: “Creo”. Es necesario que dispongamos el corazón para ver lo sobrenatural. Y lo sobrenatural se ve con ojos espirituales.

Con los labios confesamos los milagros, pero con el corazón declaramos nuestra fe.


3.- CREER EN LO IMPOSIBLE.
Aquí encontramos la clave de todo. Confesamos con los labios pero creemos con el corazón. Es tanto como si cada uno de nosotros tuviera un nivel de fe.
Observemos la continuación del pasaje Escritural:
Entonces les tocó los ojos, diciendo: Conforme a vuestra fe os sea hecho.”(Juan 9:28| RV 60)
Usted necesita un milagro. Pues bien, es hora de revisar cuál ha sido su grado de perseverancia y, aún, su nivel de fe para ver esos milagros.
Supongamos que ahora mismo el Señor Jesús hablara a su vida y le dijera: “Conforme a vuestra fe os sea hecho”. ¿Cree que su fe alcanzaría para ver ese hecho portentoso por el que ha venido clamando?
4.- PROCLAMA LOS MILAGROS DE CRISTO EN SU VIDA
No podemos olvidar jamás lo que Dios ha hecho en nuestras vidas. Debemos atesorar con gratitud ese mover sobrenatural.
Llama la atención la actitud de los dos ciegos:
Y los ojos de ellos fueron abiertos. Y Jesús les encargó rigurosamente, diciendo: Mirad que nadie lo sepa. Pero salidos ellos, divulgaron la fama de él por toda aquella tierra.”(Juan 9::30, 31 |RV 60)
Dios ama la gratitud de nuestro corazón. No podemos callar lo que hace en nuestro ser y en la vida de aquellas personas a quienes amamos. Esos testimonios pueden impactar vidas, de manera poderosa.
¡ES HORA DE SU MILAGRO!
No se desaliente. Persevere. Es hora de su milagro. Active su fe. Hechos maravillosos tendrán lugar en usted. Cruzará esa dimensión en la que quizá se ha movido hasta hoy. Comprobará que los milagros son reales. Los límites no existen para Dios.
Si aún no ha recibido a Jesús como su Señor y Salvador, es hora de que lo haga. Podemos asegurarle que su vida será transformada. Ábrale las puertas de su corazón a Jesucristo.

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