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Cuando nos atrevemos a orar, todo alrededor cambia. Nuestra vida personal, espiritual y familiar experimentan cambios profundos y duraderos. 

Orar a Dios es la mejor decisión que podemos tener si nos anima el propósito de ver transformadas las circunstancias y todo lo que nos rodea. A través de la oración nuestro cónyuge, los hijos, el ministerio y el trabajo, experimentan cambios profundos y duraderos. Escuche esta audio reflexión con Fernando Alexis 
Jiménez.

 

Cuando vamos a Dios en oración, en procura de un milagro, es importante que perseveremos hasta que el milagro ocurra.

Millares de personas en todo el mundo dicen que oran. Aseguran que claman pero, de la mano con esta afirmación, se quejan. Su argumento es que las oraciones que elevan al Señor no tienen respuesta. ¿Cuál es la razón? No perseveran. Le invitamos a escuchar esta audio reflexión con el autor y conferencista cristiano Fernando Alexis Jiménez.
 

Un dúo caleño, Siam, ha probado que, al rendir nuestros planes y proyectos en manos de Dios, encontramos respuesta: el éxito y las bendiciones. 

Por Fernando Alexis Jiménez | Editor EBR
Millares de personas en todo el mundo, andan hoy día en búsqueda del éxito. Para muchos, se ha convertido en una obsesión. No de otra manera se explica que se escriban infinidad de libros sobre el tema, y las conferencias con mayor audiencia son aquellas que nos plantean una vía rápida para ser exitosos.

Hombres y mujeres desean ser prosperados a como dé lugar. Ahora bien, aunque parezca sorprendente, la Biblia tiene la fórmula para el éxito. La encontramos en el Salmo 37:5:

“Encomienda tu camino a Jehová, confía en Él y Él hará”.

Un ejemplo claro de éste principio de victoria lo encontramos en el dúo caleño Siam. Lo integran los cantautores, Carolina Núñez y Carlos Montaño. Ellos ganaron un concurso de talentos en televisión en Colombia en el 2009.

Precisamente Carolina dijo hace pocos días a la prensa:
“Nosotros tenemos la vida entera, nuestra música, el hogar y aún nuestra hija, en manos de Dios. Es al único al que le entregamos los conciertos. Antes de subir a la tarima, en cualquier escenario, hacemos una oración con los músicos.  Nos tomamos de las manos, oramos a Dios y le agradecemos que nos permita vivir de la música. Le agradecemos lo que somos, le pedimos que nos ayude, nos afine y  disponga el corazón de las personas, a quienes les decimos que si bien es cierto no es fácil, sí se puede vivir y envejecer con la misma persona.”(Nota publicada en la Revista Gente, diario El País, Cali. 24 de noviembre del 2017. Página 3)
Someta a Dios sus proyectos en oración. Todo plan debe rendirse a Sus pies. ¿La razón? Las bendiciones, la prosperidad y el éxito provienen de someterlos a Él. Y Él sabe cómo ajustar las cosas y llevarnos a la victoria.

Ábrale hoy las puertas de su corazón a Jesucristo. Él traerá transformación a su vida personal, espiritual y familiar. Permita que Él haga algo especial con su existencia.

© Fernando Alexis Jiménez es Director del Portal cristiano www.MensajerodelaPalabra.Com  y, junto con su esposa Lucero, pastorean en la Misión Edificando Familias Sólidas – Sede Cali – Norte. www.FamiliasSolidas.Com





Cuando desarrollamos una vida de oración permanente, los milagros se producen, liberando el poder de Dios.

Los milagros ocurren. Dios desea que se produzcan en nuestro vida. No obstante sólo es posible cuando oramos y creemos. El poder del Señor se libera."

Por Fernando Alexis Jiménez| Editor de EBR

Una de las preguntas más frecuentes entre los creyentes nuevos, e incluso, entre aquellos que pese a tener muchos años de caminar con Cristo aún se mueven en los niveles básicos de la fe, se orienta en la siguiente dirección: ¿Cómo entrar en la dimensión de los milagros?

Para despejar este interrogante, hay dos pasajes claves que deseo compartir con usted. El primero de ellos, lo hallamos en el evangelio de Juan:

“De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aún mayores hará, porque yo voy al Padre.  Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.  Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré.”(Juan 14:12-14)

Observe que se deben cumplir al menos tres características:

·         Creer en Jesús el Señor.
·         Pedir al Padre en el Nombre de Jesús.
·         Esperar en Dios.

Otro pasaje que reviste singular importancia, lo hallamos en la carta que dirigió el apóstol Pablo a los creyentes de Éfeso:

“Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén.”(Efesios 3:20, 21)

Los dos versículos dejan claro que si hemos creído en Jesús, elevado peticiones en Su nombre y esperado en Dios, Él nos concederá mucho más de lo que necesitamos porque su poder es ilimitado.

Las oraciones, fundamento para los milagros

La dimensión de los milagros tiene un común denominador: la oración. Cuando vamos a la Presencia del Padre, no solo nos escucha sino que libera Su poder, siempre y cuando esté en consonancia con Su voluntad.

Cuando oramos, debemos tener en cuenta los siguientes fundamentos:

·         Confiar en Dios plenamente (Hechos 27:25)
·         Creer en la provisión de Dios (Filipenses 4:19)
·         Pedirle al Espíritu Santo que nos ayude a interceder (Romanos 8:26, 27)
·         Orar siempre (1 Tesalonicenses 5:17)

Una vida sistemática de oración nos permite caminar en el poder de Dios, y de hecho, ejerce también una poderosa influencia en nuestro desenvolvimiento ministerial.

Es necesario que experimente un cambio definitivo. Hacerlo es posible cuando la oración se torna un principio esencial de su existencia.

Si aún no ha recibido a Jesucristo como su Señor y Salvador, es hora de que lo haga. Puedo asegurarle que Él traerá transformación a su vida personal, espiritual y familiar.


© Fernando Alexis Jiménez es Director del Portal cristiano www.MensajerodelaPalabra.Com y, junto con su esposa Lucero, son pastores de la Misión Edificando Familias Sólidas www.FamiliasSolidas.Com

Orar a Dios, creer en Su poder y esperar en Él, son tres ingredientes poderosos para una vida de milagros.
Lo que nos permite ver milagros de Dios y que ese fluir de poder sea permanente, es una vida de oración permanente."
Por Fernando Alexis Jiménez

La ecuación es sencilla. Pedimos poco, recibimos poco. Es la explicación más sencilla y práctica al por qué aún no entramos en la dimensión de los milagros de Dios, mientras que otras personas cuentan de las maravillas del Señor en su existencia.

¿Acaso el mismo Dios de ellos no es el Dios nuestro? Por supuesto que sí. Entonces, ¿cuál es la diferencia? El tiempo que pasan en oración delante del Señor.

El Señor Jesús dejó claro este principio cuando enseñó: “Respondiendo Jesús, les dijo: De cierto os digo, que si tuviereis fe, y no dudareis, no sólo haréis esto de la higuera, sino que si a este monte dijereis: Quítate y échate en el mar, será hecho.”(Mateo 21:21 | RV 60)

Este principio poderoso del Reino de Dios lo impartió cuando, horas después de maldecir una higuera que no daba fruto, encontraron que la planta se había secado. ¿Qué había ocurrido?, se preguntaban. Y más allá: ¿podrían ellos hacer lo mismo?

Un poder ilimitado

Orar, creer y esperar en Dios constituyen una ruta sencilla pero eficaz para movernos en el poder ilimitado de Dios.

·         Hay quienes oran poco y esperan milagros.
·         Hay quienes creen en el poder de Dios, pero no oran.
·         Hay quienes oran, creen en el poder de Dios, pero son impacientes.

He aquí tres peligrosos ingredientes que no ayudan en lo más mínimo para que nuestro Padre obre conforme le pedimos, y aún más allá.

Dos distintivos de quien ora a Dios

Dejar de orar es tanto como esperar que un árbol crezca y florezca en abundancia, sin regarlo con agua.

El profeta Isaías escribió hace muchos siglos: “Nadie hay que invoque tu nombre, que se despierte para apoyarse en ti; por lo cual escondiste de nosotros tu rostro, y nos dejaste marchitar en poder de nuestras maldades.”(Isaías 64:7 |RV60)

Lo que nos permite ver milagros de Dios y que ese fluir de poder sea permanente, es una vida de oración permanente.

Cuando vamos a orar, tenga en cuenta dos ingredientes importantes:

·         Un corazón limpio (Salmo 51)
·         Un confianza absoluta en el Señor (1 Juan 3: 21, 22)

Le animamos a cambiar sus esquemas respecto a la oración y lo que podemos esperar. Podemos asegurarle que, si lo hace, su perspectiva de Dios será diferente, y de paso, encontrará que hay un poder ilimitado que no hemos aprovechado hasta el momento.

Si no ha recibido a Jesucristo como su Señor y Salvador, es tiempo de que lo haga. Tomado de Su poderosa mano, emprenderá el camino hacia el cambio y crecimiento a nivel personal, espiritual y familiar.

© Fernando Alexis Jiménez junto con su esposa Lucero son pastores en la iglesia Misión Edificando Familias Sólidas, en Cali – Colombia (www.FamiliasSolidas.Com)


¿Cuando se produce un milagro? Cuando nos atrevemos a creer que los milagros de Dios son reales también en nuestro tiempo.
Si tan solo nos atrevemos a orar, los milagros ocurrirán. El poder de Dios es ilimitado y Él tiene algo especial para su vida."
Por Fernando Alexis Jiménez (*)
Carlos desea encontrar un buen trabajo. Lucía está orando a Dios por un novio con principios y valores y no los patanes que andan por ahí y que la pretenden. Luis Ignacio está clamándole al Señor por un carro pequeño en el cual puedan distribuir sus mercaderías él y su esposa.

Los tres, en escenarios distintos, creen que hay un poder sobrenatural--el poder de Dios--que puede llevarles a colmar sus anhelos. La única diferencia es que, al menos uno de ellos, deja rápidamente de perseverar en oración...

Cuando oramos, estamos sometiéndonos a un poder sobrenatural. Nosotros no somos dueños de ese poder, sino que es Dios. Él en su poder ilimitado y sabio, es quien transforma las circunstancias y rompe todos los esquemas de la lógica para concederle cuanto le pedimos.

Sobre esa base le invito a considerar lo que nos enseña el apóstol Santiago:
“Confiésense los pecados unos a otros y oren los unos por los otros, para que sean sanados. La oración ferviente de una persona justa tiene mucho poder y da resultados maravillosos. Elías era tan humano como cualquiera de nosotros; sin embargo, cuando oró con fervor para que no cayera lluvia, ¡no llovió durante tres años y medio! Más tarde, cuando volvió a orar, el cielo envió lluvia, y la tierra comenzó a dar cosechas.”(Santiago 5:16-18. NTV)
Es un pasaje revelador en cuanto a la oración. A partir del texto vamos a aprender y aplicar en nuestra vida varios elementos:

a.- Es necesario perseverar en la oración
b.- Es necesario creer en ese poder sobrenatural que se libera: El poder de Dios
c.- Es necesario tener la certeza de que cuando oramos, Dios nos escucha
d.- Es necesario creer que Dios responde al clamor de sus hijos

Sin duda los cristianos no hemos aprovechado el poder liberador y transformador de la fe. Y ese poder es el que se desencadena, de parte de nuestro amado Padre celestial, cuando oramos en Su Presencia. ¡El responde con poder!

Si me lo permite, le diré que la clave es el sometimiento a Dios. Reconocer que Él es quien tiene el poder y que nosotros simplemente le servimos, y que nuestra condición de servidores, nos lleva a depender de Su amor y poder ilimitados.

Espere el tiempo de Dios

Conozco infinidad de personas que oran una vez y consideran que es suficiente. Y también a quienes oran por espacio de dos días o quizá de una semana, y están convencidos que Dios les volteó la espalda y no responderá.

Leí acerca de un cristiano que visitó a una paciente en coma. Él se comprometió a orar por ella. Y lo hizo durante un año. Incluso cada vez que iba a orar por la enferma, los médicos y los auxiliares lo miraban con compasión. Creían que él perdía su tiempo. Sin embargo, un año después, la joven abrió los ojos y salió del hospital… caminando y dueña de todas sus facultades.

Ese es el Dios de poder y de milagros en el que hemos creído. A continuación comparto con usted una enseñanza del Señor Jesús: 
“Luego utilizó la siguiente historia para enseñarles más acerca de la oración: «Supongan que uno de ustedes va a la casa de un amigo a medianoche para pedirle que le preste tres panes. Le dices:“Acaba de llegar de visita un amigo mío y no tengo nada para darle de comer”. Supongan que ese amigo grita desde el dormitorio: “No me molestes. La puerta ya está cerrada, y mi familia y yo estamos acostados. No puedo ayudarte”. Les digo que, aunque no lo haga por amistad, si sigues tocando a la puerta el tiempo suficiente, él se levantará y te dará lo que necesitas debido a tu audaz insistencia.”(Lucas 10:5-8. NTV)
Insistimos: La perseverancia es fundamental. Sólo perseveran quienes desean ver milagros. Los que renuncian fácilmente, es obvio que están renunciando a los milagros, y de paso, están levantando una barrera gigantesca que impide el mover sobrenatural de Dios.

Si desea dinamizar su vida de oración, debe asumir fe, compromiso, sometimiento y perseverancia, que son tres fundamentos para que los milagros ocurran en su vida y en la de las personas que ama. 

© Fernando Alexis Jiménez es Director del Portal cristiano www.MensajerodelaPalabra.Com y, junto con su esposa Lucero, son pastores de la Misión Edificando Familias Sólidas en Cali, Colombia. www.FamiliasSolidas.Com


Los milagros se producen en la vida de aquellos que cruzan la frontera y se atreven a creer en el poder ilimitado de Dios. 
Los milagros ocurren cuando nos decidimos a orar a Dios y creer que Su poder es ilimitado para obrar a favor de nosotros..."
Por Fernando Alexis Jiménez (*)
En un hospital al que fui recientemente en dos ocasiones con motivo de visitar a un paciente conocido, encontré a una madre atribulada que me miró con la misma sensación de quien emprendió una carrera y pronto se dio por vencido.

--¿Qué le ocurrió?¿Cómo sigue su hijo?--, le pregunté.

El chico llevaba casi un mes en la Unidad de Cuidados Intensivos. Se había accidentado en su camioneta y “no quería despertar”, según me explicó la primera vez que nos encontramos en el vestíbulo.

--Cada vez peor…--me respondió apesadumbrada.

--¿Y la oración?¿Dejó de orar?--le interrogué sin comprender qué ocurría si la vez que nos encontramos la vi animada cuando le hablé del poder de la oración.
--Dejé de orar porque llegué a la conclusión que Dios no me escucha… Tal vez a usted o quizá a otros cristianos, pero no a mí--.

Traté de razonar con ella al respecto, pero tras unos minutos concluir que sería inútil y la invité a que examináramos las Escrituras. Era la única forma de probable que nuestro amado Señor sí nos escucha y que, además, desea ayudarnos a tornar posible lo que para la ciencia y para la lógica humana resulta imposible.

Si algo escuchará cuando se decida a orar y perseverar en esa tarea, serán las voces de los incrédulos que quieren robar el último ápice de fe que guarda en su corazón.

--¿Para qué orar si Dios no te escucha?--, sin duda le dirán.

Pidan y recibirán
Pues bien, cuando esas frases que hieren procuren llevarle al desánimo, recuerde una enseñanza poderosa de nuestro amado Señor Jesús: “Así que les digo, sigan pidiendo y recibirán lo que piden; sigan buscando y encontrarán; sigan llamando, y la puerta se les abrirá. Pues todo el que pide, recibe; todo el que busca, encuentra; y a todo el que llama, se le abrirá la puerta.”(Lucas 11:9, 10. NTV).

Es evidente que nuestro amado Padre celestial escucha cuando clamamos. Otro asunto distinto es el tiempo que Él se toma para responder, pero no puede inferir--por lo que dicen quienes se encuentran a su alrededor--, que sus oraciones no recibirán contestación.

Hay una frase que leí y resalté en un libro y la comparto con usted: “La oración no es algo sencillo. La oración es una disciplina y toda disciplina requiere persistencia.”(Kay Arthur. “Señor, enséñame a orar”. Editorial Vida. 1995. EE.UU. Pg. 14)

Desconozco por qué está orando usted. Incluso, puede ser por la relación matrimonial o quizá por los hijos. Le animo para que no desmaye. Siga perseverando. Ese cónyuge cambiará, o tal vez esos hijos. Todo puede ser diferente cuando oramos y seguimos firmes, sin desmayar porque el Dios al que amamos, jamás se dio por vencido ni siquiera por la perseverancia que mantuvimos en el pecado.

Y si no ha recibido a Jesús como Señor y Salvador, le invito para que lo haga. Le aseguro que no se arrepentirá porque prendidos de Su mano, emprendemos el camino hacia el crecimiento personal y espiritual que tanto hemos anhelado.

© Fernando Alexis Jiménez es Director del Portal cristiano www.MensajerodelaPalabra.Com y, junto con su esposa Lucero, son pastores de la Misión Edificando Familias Sólidas en Cali, Colombia. www.FamiliasSolidas.Com

Dios responde con poder a nuestro clamor. Los milagros están cerca. Basta que reconozcamos el poder de Dios y busquemos Su rostro en oración.
Las principales batallas de nuestra vida se libran en oración. Y también es en oración como obtenemos enormes victorias, por encima de las circunstancias que estemos enfrentando. La oración toca el corazón de Dios y libera Su poder."
Por Fernando Alexis Jiménez (*)
Apenas regresó de la iglesia, después de una mañana gloriosa en la que además de un mensaje inspirador para su vida, había prestado el mejor servicio como ujier, recibió a dos personas nuevas en la congregación e incluso, tomó sus datos cuando recibieron a Cristo como su Salvador, se encontró con una tormenta que le llenó de tristeza y desilusión…

Su esposo, Heriberto, estaba viendo un partido de fútbol en la televisión. Junto a la mesita de sala, el periódico abierto en la página de tiras cómicas, el cenicero lleno de colillas de cigarrillo y en el suelo, varias latas de cerveza vacías.

Arrugó el ceño apenas la vio, con la expresión de quien está pensando qué decir, y arremetió contra ella sin darle tiempo a defenderse:

–¿Nuevamente en la Iglesia y llegando tarde? Ya me tienes harto con tu religiosidad. No hay domingo que te encuentre en casa.—Arrojó con violencia la cerveza a medio consumir y, con la mano libre, señaló con violencia–: Estoy por irme de casa. Estoy cansado, ¿oíste? Cansado… Quédate tú con la religión, que yo me voy…–

Martha no podía comprender por qué razón, a pesar de su consagración a Dios, seguía experimentando esa concatenación de escenas, tras las cuales su corazón terminaba cada vez más herido.

Alguien le habló de dar las batallas en oración. Y redobló su clamor. Al comienzo, parecía que nada cambiaba, sin embargo, oraba sin cesar.

Un fin de semana su esposo, intrigado, decidió seguirla. Se quedó esperando afuera. Quería “sorprenderla en algo”, pero el sorprendido fue él.

Todo el mensaje tocó su corazón y cuando el pastor invitó a recibir la Salvación, cruzó el umbral, atravesó la congregación por el pasillo central y se arrodilló ante el altar. Luego, visiblemente quebrantado, se dirigió a Martha. “Perdóname”, fue lo único que dijo. Hoy es un creyente que persevera y orienta el ministerio de parejas.

Busque a Dios en la crisis

Todos los seres humanos tenemos un punto de encuentro, en algún momento de nuestra vida, con Dios. Nadie lo determina con antelación. 

Unos llegan a Él en medio de profundas depresiones, otros cuando les asalta una escasez económica sin precedentes, hay quienes tienen ese contacto cara a cara con el Señor al enfrentar una enfermedad o cuando su matrimonio está a punto de desmoronarse.

Sin embargo, ese encuentro con Aquél que todo lo puede, resulta definitivo y transformador. Marca la diferencia en la existencia de toda persona. Determina un antes y un después en nuestra existencia.

Dios es nuestra fortaleza

En la Biblia aprendemos una verdad que alentará nuestro corazón en los momentos difíciles: “Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza, nuestra ayuda segura en momentos de angustia.   Por eso, no temeremos aunque se desmorone la tierra  y las montañas se hundan en el fondo del mar; aunque rujan y se encrespen sus aguas, y ante su furia retumben los montes.  ”(Salmo 46:1-3. Nueva Versión Internacional)

Es probable que en medio de las circunstancias difíciles sintamos que no hay salida al callejón. No obstante, aun cuando al orar experimentemos la sensación de vacío y que nadie nos oye, la Escritura nos enseña que no solamente nuestro Padre celestial está ahí sino que además, nos ofrece sus brazos para que nos refugiemos en Él.

Bajo ese convencimiento, podemos vencer el temor, mirar el futuro con serenidad, tener la certeza—en lo más profundo del corazón—que los obstáculos y situaciones inesperadas, no podrán llevarnos al laberinto de la desesperación y la angustia. 

No importa que todo alrededor se derrumbe, Dios está en control y si le permitimos tomar el timón de nuestra existencia, nos llevará a puerto seguro en medio de aguas tormentosas.

Es tiempo de orar por su milagro

Desconozco qué situaciones complejas, traumáticas y en apariencia imposibles de resolver esté atravesando. Vuélvase a Dios, sométale sus complicaciones y espere en Él. Tenga la  seguridad que cambiará el curso de su historia y el amanecer nublado de hoy, se convertirá en un mediodía despejado y en un atardecer soleado y prometedor…

La mejor decisión que puede tomar ahora, es recibir a Jesucristo como Señor y Salvador. Abrirle las puertas de nuestro corazón es lo mejor que puede ocurrirnos, porque emprendemos el camino maravilloso hacia el crecimiento personal y espiritual. Decídase hoy por Cristo Jesús.

* Fernando Alexis Jiménez es Director del Portal cristiano www.MensajerodelaPalabra.Com 

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