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Dios nos guía en un camino de victoria, no solamente hoy sino siempre.
Por Fernando Alexis Jiménez | Twitter @leer_la_biblia
Está claro que nada volverá a ser igual después de esta pandemia. Se producirán cambios, unos más profundos que otros. A nivel personal, familiar, espiritual y en todos los ámbitos, experimentaremos transformaciones, unos para bien y otros para mal. La única alternativa que tenemos es: salir fortalecidos con ayuda de Dios, o dejarnos arrastrar por la corriente y doblegarnos ante las circunstancias. La decisión la toma cada persona.
Para algo que debemos prepararnos, es para las crisis. Unas de carácter emocional, otras espirituales—porque en este tiempo algunos se enfriarán e incluso, probablemente ni quieran volver a la iglesia—y, también, las económica, que se estima, tendrá un alcance mundial.
¿Cuál debe ser nuestra actitud si se desata una recesión financiera? Esa pregunta ronda en la mente de infinidad de creyentes.  La respuesta es sencilla: Afirmar nuestra confianza en Dios. Él ha sido nuestro proveedor y lo seguirá siendo.
En la Biblia leemos:
“Temed a Jehová, vosotros sus santos, pues nada falta a los que le temen. Los leoncillos necesitan, y tienen hambre; pero los que buscan a Jehová no tendrán falta de ningún bien.” (Salmo 34: 9, 10 | RV 60)
Es cierto, los especialistas coinciden en que la economía se irá progresivamente en picada. Nadie quiere invertir. Nosotros no nos podemos negar a la realidad. A lo que sí podemos negarnos, y estamos llamados a hacerlo, es a aceptar que toque a nuestra puerta y se afinquen allí, en el hogar, tanto la escasez como la miseria.
Nada de eso. Usted y yo declaramos en fe lo que nos enseñan las Escrituras: que hemos sido bendecidos por la obra de Jesús en la cruz y que, gracias a nuestro Dios y Salvador, todo lo tendremos—no solo lo suficiente, sino en abundancia–.
UNA PERSPECTIVA DE ESPERANZA
De la mano con ese convencimiento, cinco aspectos sobre los que debemos reflexionar:
  1. ¿Cómo anda nuestra situación personal, espiritual y financiera? Haga un diagnóstico honesto.
  2. ¿Qué cambios debo imprimir en mi relación con Dios y en mi forma de vida?
  3. ¿Invierto mal cada peso que tengo disponible?
  4. ¿Me dejo tentar por las pretendidas promociones que veo por todas partes en este tiempo de pandemia?
  5. Si tengo frente a mi un producto en apariencia económico, ¿realmente lo necesito en casa o podría invertir en otra prioridad?
  6. ¿He aprendido a racionalizar los gastos?
  7. ¿Consulto en familia en qué debemos invertir?
En todo momento, nuestra dependencia debe girar en torno a Dios. Nuestra provisión no depende de lo que dice la bolsa de valores o los expertos económicos, sino de Aquél que nos creó para ser victoriosos.
En medio de las circunstancias difíciles, declaramos que el Señor abrirá “puertas milagrosas” de provisión y que, de esta situación, por difícil que parezca, vamos a salir fortalecidos y victoriosos.
En adelante, vamos a declarar palabras de fe y confianza en Dios porque Él es nuestro proveedor y ayudador.
Si aún no ha recibido a Jesucristo como Señor y Salvador, hoy es el día que lo haga. Ábrale el corazón y ríndale a Él, el gobierno de su familia.
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#FernandoAlexisJiménez | #NotasyApuntesPastorales

Dios nos protege. Responde a sí a nuestras oraciones. 


CLAMAR POR NUESTRA FAMILIA, TRAERÁ BENDICIONES. TENEMOS ASEGURADA LA PROTECCIÓN DE DIOS.


Por Fernando Alexis Jiménez | Twitter @leer_la_biblia
Protección sobrenatural. Dos palabras y un significado enorme. “Mi hijo iba en su motocicleta, camino del trabajo. Lo arrolló una camioneta conducida por un adolescente y sus amigos, en estado de ebriedad. El impacto lo disparó por el aire. Cayó varios metros más allá. Lo sorprendente es que, salvo magulladuras, no le pasó nada. ¡Dios lo guardó!”
Cristina llegó minutos antes que lo subieran a una ambulancia. Ni el paramédico, ni los curiosos ni ella misma se explicaban cómo había ocurrido todo sin que el joven resultara lesionado. Quedó a pocos centímetros de un muro de concreto. Golpearse contra esa superficie hubiese sido letal. ¡Pero algo pasó! ¿Qué fue?
Usted y yo tenemos la respuesta, sintetizada en dos palabras: Protección sobrenatural. Las oraciones por nuestro cónyuge e hijos, reciben respuesta. Dios las escucha y responde poderosamente. Guarda a los seres que amamos.
¿Sustentación bíblica? Por supuesto que la hay. El salmista escribió hace muchos siglos un texto que tiene particular vigencia hoy:
“El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende. Gustad, y ved que es bueno Jehová; dichoso el hombre que confía en él.”(Salmo 34: 7, 8 | RV 60)
No deje de clamar por los seres que ama. Jamás alcanzará a imaginar el impacto que tiene sobre sus vidas. Cubrirlos en oración, es la mejor protección que pueden tener porque nuestro amado Padre escucha sus peticiones y tiene cuidado de ellos.

LAS ORACIONES POR NUESTRO CÓNYUGE E HIJOS, RECIBEN RESPUESTA. DIOS LAS ESCUCHA Y RESPONDE PODEROSAMENTE.


“Antes me angustiaba cuando mi hijo salía. Me preguntaba con quiénes iría a juntarse. Pero el Señor trajo paz a mi corazón. Quienes decían ser sus amigos, pero no tenían buenos hábitos, terminaron por alejarse”, nos relato Sonia, madre de un adolescente. Aprendió a descansar en Dios. Comprobó que Él es fiel y cuida de nuestra generación.
¿Cómo resumir la enseñanza de hoy? Ore por su familia. ¿Sencillo? Por supuesto. Le tomará unos cuantos minutos, pero transformará la vida de todos en el hogar.
Tenga presente lo que enseña la Palabra: “Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos. En las manos te llevarán, para que tu pie no tropiece en piedra.” (Salmos 91:11-12| RV 60)
Hoy es el día para aprender nuevos principios y mantenerlos en el tiempo. Podemos asegurarle que luego, en su tiempo devocional, siempre tendrá en cuenta a su familia. Se tornará un hábito edificante.
Si aún no ha recibido a Jesucristo como su único y suficiente Salvador, hoy es el día para que lo haga. Ábrale las puertas de su corazón.
Para terminar, le invitamos a leer el http://www.altar-familiar.com diariamente así como los http://www.devocionales.com

No permita que las noticias que abundan en este períodode pandemia, lo atormenten.
Por Fernando Alexis Jiménez | @leer_la_biblia
Frente a las circunstancias que nos rodean en cada momento, toda persona tiene dos posibilidades de reaccionar. Y se sintetiza en dos elementos:
· Fe positiva
· Fe negativa
La fe positiva es la que, en consonancia con Hebreos 11:1, desarrollarnos a partir de creer firmemente en lo que puede hacer el poder de Dios. Confiamos en Él y, sobre esa base, no nos importa que la embarcación esté en medio de una tormenta (Lea Marcos 4:35-40)
La fe negativa es aquella que se afinca en las circunstancias adversas y se materializa en la duda. Quien fluctúa, está vivenciando una fe negativa que nos genera temor y, éste a su vez, roba la paz interior.
Cuando confiamos en Dios, nos enseña la Biblia que tenemos tranquilidad porque nuestra fe positiva nos permite mantenernos serenos aun cuando el mundo se esté cayendo a pedazos, tal como escribe el salmista:
"No tiene miedo de malas noticias; su corazón está firme, confiado en el Señor. Su corazón está firme; no tiene miedo..."(Salmo 112: 7, 8 | Versión Popular)
Una forma sencilla de determinar nuestro grado de fe y en qué frontera se encuentra—si es positiva o negativa--, es formulándonos dos interrogantes:
· ¿He visto antes el poder de Dios?
· ¿Me dejaría Dios abandonado a mi suerte en las actuales circunstancias?
Si hay confianza plena en su corazón, tenga la certeza que no dudará. Por el contrario, afirmará su convicción de que el Señor se manifestará con poder. Su fe es positiva y permanecerá firme porque ha puesto su mirada en el autor y consumador de la fe, en Jesucristo (Lea Hebreos 12: 1, 2)
Si aún no ha recibido a Jesucristo como su Señor y Salvador, no deje pasar esta oportunidad. Permítale que obre en su vida y en la de su familia. Ábrale las puertas de su corazón.
NOTA FINAL: Los invito a leer diariamente el www.altar-familiar.comy los www.Devocionales.Com

El pecado llevo al género humano a perder las bendiciones de Dios.

Cuando Dios concibió el universo y dispuso colocar en el al género humano, tenía en mente que disfrutara de abundantes bendiciones. Todo cuando había creado era para su disfrute. No habría escasez sino abundancia. Es lo que había en el corazón de un padre amoroso. Siempre ha sido así.
Pero, ¿qué produjo la maldición en Adán y va y, a través de ellos, hasta nosotros hoy? El pecado.
Para descubrir qué ocurrió, es necesario que vamos a las Escrituras y escudriñemos los orígenes de todo.
En este recorrido descubriremos varios aspectos interesantes:
1.- La creación de Dios era para bendecirnos. Lo podemos leer en los siguientes pasajes:
“En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así. Produjo, pues, la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla está en él, según su género. Y vio Dios que era bueno. Y fue la tarde y la mañana el día tercero. Dijo Dios: Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra, en la abierta expansión de los cielos. Y creó Dios los grandes monstruos marinos, y todo ser viviente que se mueve, que las aguas produjeron según su género, y toda ave alada según su especie. Y vio Dios que era bueno. Y Dios los bendijo, diciendo: Fructificad y multiplicaos, y llenad las aguas en los mares, y multiplíquense las aves en la tierra. Y fue la tarde y la mañana el día quinto. Luego dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie. Y fue así. E hizo Dios animales de la tierra según su género, y ganado según su género, y todo animal que se arrastra sobre la tierra según su especie. Y vio Dios que era bueno. Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.” (Génesis 1:1, 11-13, 20-26| RV 60)
Al leer la porción de las Escrituras descubrimos que el Señor jamás puso límites y absolutamente todo era para el disfrute del género humano.
2.- Los planes de Dios contemplaban bendecir generaciones por siempre. No escasearían los alimentos. Tampoco los recursos naturales. La abundancia permanecería en el tiempo.
“ Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.”(Génesis 1: 28 | RV 60)
Si hoy no disfrutamos de las bendiciones de la tierra y las provisiones, no es que así lo haya dispuesto el Creador. Fue el género humano quien se lo buscó.
3.- El hombre recibió autoridad sobre la creación. De hecho, fue asignado como administrador de las bendiciones. Es parte de la naturaleza de Dios, procurar lo mejor para nosotros, a quienes Él ha amado desde la eternidad:
“Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer. Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue así. Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto.” (Génesis 1:29-31| 60)
Lamentablemente las sequías y los cambios climáticos que apreciamos hoy con devastadoras consecuencias, son el fruto de una mala administración que hacemos de la provisión divina.
4.- El hombre tiene sobre sus hombros una enorme responsabilidad. Lo creado era por siempre. Ese fue siempre el plan de Dios. La responsabilidad del género humano era disfrutar lo que proveía el Padre.
“Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado. Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal.  Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase.” (Génesis 2: 8, 9, 15 | RV 60)
5.- Dios estableció unos límites que no podemos desconocer. Si él traza unas pautas que debemos tener en cuenta, es para nuestro propio bien. Es lo que definió en el huerto del Edén:
“Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.”(Génesis 2: 16, 17 | RV 60)
6.- Desde el comienzo satanás se ha empecinado en robarnos las bendiciones. Sabe que el ser humano, si no está firme, asido del Dios y Padre, puede caer fácilmente y ceder:
“Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: ¿No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal. Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió, así como ella.  Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales.”(Génesis 3:1-7| RV 60)
El adversario nos siembra tentaciones a través de engaños que llegan a materializarse en pensamientos de maldad, creando una realidad virtual y mentirosa. Esa es la razón de las caídas morales y espirituales a en toda la historia.
7.- El pecado rompió históricamente el fluir de las bendiciones. Lo podemos leer en el pasaje del Génesis 3:8-21.
“Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida.”(Génesis 3:17 | RV 60)
Cuando una persona anda en ruina, fracaso, enfermedad y maldiciones, uno de los aspectos que se debe tener en cuenta es el grado de pecado que gobierna su vida. Ahí está la raíz de todo.
8.- El pecado rompió la relación con Dios y lo llevó a la escasez. Producto de su error, de la desobediencia, fue expulsado del paraíso. Las consecuencias no se hicieron esperar:
“Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre.  Y lo sacó Jehová del huerto del Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado.  Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.” (Génesis 3:22-24 | RV 60)
Hasta tanto nuestra relación sea distante de Dios, no podemos esperar movernos en la dimensión de las bendiciones que tanto anhelamos.
9.- Cristo restauró todo por su muerte en la cruz. Su sacrificio hizo posible el perdón de nuestros pecados, nos ofrece vida eterna y, además, restaura las bendiciones.
“Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante. Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual. El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales. Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial. Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.”(1 Corintios 15:45-50| RV 60)
Las bendiciones están a nuestro alcance. Fueron concebidas por Dios para nosotros. Cristo Jesús las hace posible gracias a su sacrificio en el calvario.
El paso esencial es que lo recibamos en el corazón como nuestro único y suficiente Salvador. Él trae transformación a nuestra vida personal, espiritual y familiar.
© Fernando Alexis Jiménez – Visite nuestro Portal www.selecciondeestudiosbiblicos.org

Con ayuda de Dios encontramos la salida a los momentos de crisis en los que queremos renunciar a la vida cristiana. 

El apóstol Pablo reconocía su debilidad, y dice, sólo así se le podía dar la gloria a Dios. Sobre esa base, ningún problema lo detenía. Su actitud marcaba la diferencia.


¿Cuántas veces ha sentido que está a punto de desfallecer? Posiblemente muchas. Quiso renunciar a su vida cristiana, al compromiso de moverse alrededor de principios y valores, a la necesidad de enseñar a partir del ejemplo más que por las palabras. Esos días las hemos vivido todos. Crisis que han tocado a nuestra puerta.
Debemos estar preparados porque situaciones complejas, que amenazan nuestro caminar como creyentes, es probable que se presenten pronto o, tal vez, usted las está viviendo hoy. Es en ese momento cuando debemos saber qué hacer.
MITOS QUE DEBEN CAER
A través de esos desiertos, lo primero que debemos hacer es derrumbar al menos cinco mitos que se han tejido en torno a ser cristiano:
  • Cuando nos convertimos a Cristo, nos libramos de todos los problemas. Nada nos exime de enfrentar dificultades, muchas de las cuales provienen del enemigo para ponernos tropiezos.
  • La Biblia tiene una respuesta para todos nuestras preguntas y periodos de crisis. Tampoco es acertado. Cuando en la Escritura no encontramos la respuesta exacta a nuestras inquietudes, es a la oración intensa y la dependencia de Dios en la que debemos ocupar. Confiar en su guianza.
  • Si alguien tiene problemas, no es un buen cristiano. Erróneo. Todos los creyentes en el Señor Jesús hemos y quizá, aún hoy, enfrentado situaciones difíciles.
  • Siempre sabremos la meta a la que debemos llegar. No es así. Como el pueblo de Israel cuando Dios lo sacó de Egipto, Él nos va mostrando cada jornada un día a la vez.
Las ideas equivocadas deben caer porque, de lo contrario, van a llevarnos a la frustración porque nos venden una idea tergiversada y casi que exigen el que seamos perfectos.
FORTALEZA PARA AVANZAR
Cuando pensamos en las crisis y cómo sobreponernos a ellas, lo más apropiado es ir a la Palabra. Y, particularmente, el apóstol Pablo  nos ofrece una respuesta que debemos considerar:
“Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos. Porque nosotros que vivimos, siempre estamos entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal.”(2 Corintios 4:7-11 | RV 60)
Este pasaje es poderoso. Nos muestra una ruta que podemos definir de manera sencilla.
Comienza con la fortaleza que viene de Dios cuando nos acogemos a Él. De la mano con esa fortaleza, se encuentra nuestra actitud, que no debe ser derrotista sino de fe, confiando siempre en Aquél que nos creó y nos asegura la victoria, cualquiera sea la circunstancia. Y, en tercer lugar, la certeza de que Él nos ayuda a avanzar para encontrar la salida al laberinto. No hay problema, por grande que parezca, que no podamos superar.
Observe cuidadosamente que el apóstol Pablo no se creía superior ni con la capacidad de sobreponerse a los tropiezos. No. Él reconocía sus limitaciones y sólo así, escribe, se le podía dar la gloria a Dios. Sobre esa base, ningún problema lo detenía. Su actitud marcaba la diferencia. Sabía que, en cualquier momento, los obstáculos podían salir al paso y había que enfrentarlos.

Cuando dependemos de Dios, encontramos fortaleza para avanzar en medio de las circunstancias adversas.


CAMINANDO HACIA LA MADUREZ
Cuando hay tropiezos, muchos se dan por vencidos fácilmente. Sencillamente, renuncian o vuelven atrás.
Contrario a lo que puede ser nuestra primera inclinación frente a las adversidades, Dios espera que maduremos, que experimentemos un proceso de cambio y crecimiento continuos.
En su carta a los Hebreos, el autor lo deja escrito así:
“Acerca de esto tenemos mucho que decir, y difícil de explicar, por cuanto os habéis hecho tardos para oír. Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido.  Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.”(Hebreos 5:11-14| RV 60)
Muchos cristianos se encuentran en esa situación. Van a la iglesia, aportan para la obra, memorizan versículos bíblicos e, incluso, extensos pasajes y escuchan coros, pero siguen igual. Viven bajo el viejo hombre.
Evidencias de madurez cristiana
Quizá se pregunte: ¿Cómo puedo yo comprobar que estoy experimentando madurez en mi vida cristiana? La respuesta puede ser muy extensa, pero permítanos citar algunas características:
  • Renunciar al pecado.
  • Renunciar a vivir atados al pasado.
  • Llevar a la práctica lo que aprendemos en la Palabra de Dios.
  • Asumir nuevos principios y valores tomados de la Palabra.
  • Amar y perdonar, como principios rectores de nuestro comportamiento cotidiano.
  • Depender de Dios en todas las circunstancias, incluyendo los períodos de tentación.
En Dios encontramos la guía y la fortaleza para enfrentar todas las situaciones adversas que nos acosan, pero, además, damos pasos firmes para cambiar y crecer cada día. Madurez. Aquello que Él anhela para que asumamos la tarea de formar a otros.
Todos los problemas tienen solución en nuestro amado Padre y Creador. La decisión de caminar tomados de Su mano, es solo suya.
Si aún no ha recibido a Jesucristo como su único y suficiente Salvador, es hora de que lo haga. Ábrale las puertas de su corazón y experimente cambios a nivel personal, espiritual y familiar.
Mensaje tomado del portal www.selecciondeestudiosbiblicos.org

Compartimos con ustedes valiosos principios que le ayudarán en el proceso de edificar una familia sólida.
Mantener la unidad la unidad de la familia no es opcional sino un imperativo. Y ni usted ni yo podemos desestimar la enorme responsabilidad que nos asiste, si queremos movernos en la voluntad de Dios en lo que respecta a nuestros deberes en lo personal, familiar y eclesial.
Cuando vamos a la Biblia, encontramos la siguiente recomendación del apóstol Pablo:
“Les suplico, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que todos vivan en armonía y que no haya divisiones entre ustedes, sino que se mantengan unidos en un mismo pensar y en un mismo propósito.” (1 Corintios 1:10 | NVI)
Porque el distintivo de un cristiano comprometido es procurar que ese clima de armonía y entendimiento prevalezca, compartimos con usted los siguientes consejos:
1.- Procure compartir los alimentos en familia.
2.- Interésese por “cómo le fue en el día a su cónyuge e hijos“.
3.- Haga un esfuerzo y revise los deberes escolares de sus hijos y, si algo no anda bien, ayúdeles.
4.- Saque tiempo para compartir esparcimiento y juego con sus hijos. Los cónyuges deberían involucrarse. Es lo más recomendable.
5.- Elimine la televisión cuando estén hablando, a menos que hayan optado por verse una película juntos.
6.- Salir de compras con los hijos o ir a comer un helado, rinde muy buenos resultados.
7.- Haga de la oración por su familia, un hábito. El más importante, por cierto.
Dios es quien nos asegura la unidad familiar.
Dios es quien nos asegura la unidad familiar.
Piense que su familia es muy importante. Hay que desarrollar, hacia cada uno de sus componentes, amor, pero también dos ingredientes más: comprensión y tolerancia.
Jesucristo debe gobernar y ocupar el primer lugar en nuestra vida familiar. Nos asegura unidad y permanencia. Ábrale las puertas de su vida personal y familiar a Jesús el Señor.
© Fernando Alexis Jiménez – Misión Edificando Familias Sólidas (Colombia)

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