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Dios nos concibió con las potencialidades para ser triunfadores. Nada podrá detenernos camino al éxito, con Su divina ayuda.
Por Fernando Alexis Jiménez *
El sudor poblaba su frente. El calor era insoportable. La pista de atletismo, más larga que de costumbre, o al menos así le pareció. Tenía mucha agitación y por momentos pensó que no lo lograría. En las tribunas, las gentes gritaban. Cerca, otras competidoras.

No puedo dejarme vencer” pensó al hacer el último esfuerzo para cubrir la distancia que le separaba de la meta final.

Minutos después estaba en el podio. Ocupaba el primer lugar. Sonrió. Completaba ya cinco medallas.
A sus veinticinco años se podía calificar una triunfadora. Llegar a ese estrado no había sido fácil. Tuvo su costo. Le obligó a esforzarse. Fueron días incontables entrenando desde muy temprano, cuando el sol todavía no despertaba en el horizonte.

Igual sinnúmero de atardeceres, que se prolongaban hasta cuando las sombras de la noche cubrían la ciudad. “Valió la pena”, pensó, mientras agradecía al anfitrión la distinción que le imponía.
La norteamericana, Marion Jones, de 25 años, se convirtió en penta-campeona de los Juegos Olímpicos de Sydney, Australia.

Alcanzó su objetivo: vencer en las competencias de cien y doscientos metros y en las carretas con postas. Muy joven se convirtió en ejemplo para su generación. Atribuyó su éxito a Dios y a la confianza que tuvo en sus capacidades.

El secreto de los vencedores

¿Cómo se forjan los triunfadores?  A los vencedores les identifican por lo menos  cuatro  características. La primera, fijarse una meta; la segunda, volcar sus esfuerzos a la conquista de ese objetivo; la tercera, una férrea disciplina que les permite fortalecer las áreas débiles y potenciar los puntos fuertes y la cuarta, avanzar sin prestar atención a los virtuales fracasos. La meta es llegar, sin doblegarse.

Pero hay un principio infalible para vencer. Consiste en depositar todos nuestros planes y proyectos en manos de Dios. Esta decisión debe ir acompañada de una absoluta confianza en que El obrará a nuestro favor. Así lo dice la Biblia: “Encomienda a Jehová tu camino, y confía en el; y el hará”(Salmos 37:5)

El paso eficaz para comenzar un nuevo día en victoria, es someter toda nuestra agenda de actividades al Señor. Póngalo en práctica. Los resultados hablarán por si solos...

No puedo terminar mi mensaje sin recordarle que su vida necesita a Jesucristo en el corazón. Es vital. Le asegura un presente de victoria y un futuro de victoria. Hacerlo es muy fácil. Basta con hacer una oración sencilla. Dígale:

Señor Jesucristo, gracias por morir por mis pecados en la cruz. Reconozco que tengo ahora una nueva oportunidad. Te recibo hoy en mi corazón. Haz de mí la persona que tú quieres que yo sea. Amén

Si realizó esta oración, mis sinceras felicitaciones. Ha dado un paso fundamental. Ahora le invito para que acoja tres sugerencias: La primera, que haga de la oración un principio de vida diaria. Hable con Dios. Dígale cómo se siente. Él responde con poder. La segunda, lea la Biblia. Allí aprenderá principios de éxito, dinámicos y prácticos, que le ayudarán en el crecimiento personal y espiritual. Y la tercera, comience a congregarse en una iglesia cristiana. Puedo asegurarle que su vida jamás volverá a ser la misma.


* Fernando Alexis Jiménez es Director del Portal cristiano www.MensajerodelaPalabra.Com Visítelo hoy.

Nuestra edad no es impedimento, ni hoy ni nunca, para que Dios nos utilice poderosamente en la extensión de Su Reino.
Por Fernando Alexis Jiménez *
¿Cuál es la edad aconsejable para conquistar nuestros sueños y alcanzar grandes metas? Quizá usted tiene una respuesta específica para este interrogante, fundamentado en lo que considera, son sus fuerzas para disfrutar los logros.

Permítame ahora formularle una pregunta más profunda: ¿Hasta qué edad podría Dios utilizarlo con poder para cumplir Sus propósitos eternos en la tierra? Lo más probable es que aquí se tome unos minutos para responder y su perspectiva cambie un poco.

La razón es sencilla: Millares de personas consideran que hay un tope específico de años para ser altamente productivos en el Reino de Dios. Un gran error. Permítame demostrárselo.

Campeón a los 105 años

Infinidad de deportistas se retiran muy jóvenes porque consideran que cumplieron su ciclo de rendimiento.

Quien rompió los esquemas de este común denominador, fue Robert Marchand. A sus 105 años de edad recorrió en bicicleta 22,5 kilómetros, batiendo su propio record. Cubrió esa distancia en una hora. La hazaña fue vista por millones de personas en Francia y buena parte de Europa.

"No soy un fenómeno ni un campeón, soy un tipo normal", dijo al término de la prueba. “Pensé que aún me quedaban algunos kilómetros y creo que pude haber podido ir más rápido”, concluyo después de dar 92 vueltas al velódromo de Saint-Quentin-en-Yvelines.

Robert se considera a sí mismo alguien común y corriente, pero un tipo normal no vive dos Guerras Mundiales, es testigo de la entrada de las tropas alemanas a su ciudad natal de Amiens en 1914, conoce 16 Presidentes de la República francesa, ha sido miembro de la Resistencia, fue encarcelado por rechazar dar clases a niños de los colaboradores de la Europa nazi, ha sido campeón de Francia de gimnasia, bombero en París, criador de pollos en Venezuela y leñador en Canadá.

Con su record mundial, pasa a la historia como el deportista más longevo en pedalear durante una hora.

Ahora dígame, ¿hay límite de edad para disfrutar de los triunfos? Por cierto que no. Las barreras las ponemos usted y yo en la mente, cuando creemos haber llegado al límite de nuestras fuerzas y capacidades.

Un conquistador octogenario

Cuando Israel entró en la tierra prometida, Caleb—quien fuera compañero de Josué—, fue a visitarlo en Gilgal. Le recordó que 45 años antes, después de ir a explorar un amplio territorio, kilómetros más allá de Cades-barnea, Moisés les había prometido darles propiedad cuando cruzaran el Jordán.

“Yo era de edad de cuarenta años cuando Moisés siervo de Jehová me envió de Cades-barnea a reconocer la tierra; y yo le traje noticias como lo sentía en mi corazón. Y mis hermanos, los que habían subido conmigo, hicieron desfallecer el corazón del pueblo; pero yo cumplí siguiendo a Jehová mi Dios.”(Josué 14: 7, 8)

Ahora, se sentía con toda la disposición de conquistar una amplia franja de tierra. Había pasado muchas pruebas, como el tránsito en el desierto; sabía qué era el calor, la sed y las largas jornadas con un sol abrazador a cuestas. Y a sus 85 años, consideraba que aún tenía muchas fuerzas para conquistar grandes metas:

“Todavía estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió; cual era mi fuerza entonces, tal es ahora mi fuerza para la guerra, y para salir y para entrar. Dame, pues, ahora este monte, del cual habló Jehová aquel día; porque tú oíste en aquel día que los anaceos están allí, y que hay ciudades grandes y fortificadas. Quizá Jehová estará conmigo, y los echaré, como Jehová ha dicho.”(Josué 14: 11, 12)

Por favor, lea con detenimiento las palabras de Caleb. Él no se sentía un hombre digno de un albergue para ancianos, por el contrario, se veía asimismo como un conquistador de grandes metas.

Es tiempo de revitalizar sus sueños y metas

Estoy convencido que Dios nos creó con las potencialidades para lograr grandes metas y ver colmados los sueños.

No ponga límites a sus capacidades. Someta sus proyectos en manos del Señor (Salmo 37:4, 5) Créale a Dios y dé nuevos pasos cada mañana. Él lo llevará más lejos de lo que usted jamás pueda imaginar.

La edad no es un impedimento para que el Señor lo utilice con poder en la extensión de Su Reino. Basta que usted se decida. Esa no es una determinación que Él debe tomar. Por cierto, Él ya la tomó en la eternidad. Es usted quien debe optar por conquistar grandes metas. Si depende del Creador, Él le dará la victoria.

Si aún no ha recibido a Jesucristo como su Señor y Salvador, hoy es el día para que le abra las puertas de su corazón. Prendidos de Su mano emprenderá el maravilloso camino hacia el crecimiento personal, espiritual y familiar que ha anhelado por años.


* Fernando Alexis Jiménez es Director del Portal cristiano www.MensajerodelaPalabra.Com Visítelo hoy.

Quizá usted busca una vida renovada y plena. Una vida de realización. Si es así, déjese encontrar por Dios...
Dios nos está buscando. Desea ofrecernos una vida totalmente renovada, que podamos disfrutar a plenitud. Decídase hoy por esa vida plena que sólo en Dios podemos encontrar."
Por Fernando Alexis Jiménez (*) 
Son muchos años, con sus días y sus noches, que se tornan interminables, en los que ha guardado la esperanza de escuchar—una mañana cualquiera—, que alguien toca a su puerta para comprobar con emoción que se trata de su esposa.

Dejó de verla dos días antes del terremoto que destruyó parte de la ciudad de Armenia, en Colombia, el 25 de enero de 1999. Salió sin decir adiós. Estaban peleados y Gerardo pensó que –horas después—llegaría Dora Luz, con quien compartía la vida desde hacía algún tiempo.

Pero todo asomo de ilusión se apagó porque el movimiento telúrico literalmente acabó con la vivienda que compartieron juntos. No quedó nada, salvo una fotografía  que  lleva a todas partes donde pregunta por su esposa. “No ha venido por aquí”, es la respuesta que recibe en todas partes. 

Hay quienes dicen haberla visto en pueblos vecinos, y viaja hasta esos lugares. Sin embargo la búsqueda ha sido infructuosa.

Aspiro encontrarla algún día... y que me explique por qué me abandonó. Quizá lleguemos a un acuerdo. Nuestro hogar era muy bonito”, se limita a responder a todos aquellos que le oyen. La historia se ha convertido en una obsesión para Gerardo. Y confía encontrarla...

Desde que nacimos, hay alguien que desarrolla una incesante búsqueda. Es Dios. Nos busca. Anhela un encuentro personal. Decirnos que, pese a las adversidades y que, aunque pensemos que llegamos al final del camino, todavía hay esperanza.

El Señor Jesús lo dijo a sus seguidores en Palestina: “...el hijo del hombre vino a buscar  y a salvar lo que se había perdido”(Lucas 19:10).

No vino a juzgar, a acusar, a cerrar las puertas. Vino a abrirlas. Y le ofrece hoy la posibilidad de comenzar una nueva existencia. A asumir el reto del cambio con su divina ayuda. No olvide que nunca es tarde para comenzar. Y hoy puede ser su gran oportunidad... No lo olvide: Dios lo está buscando... ¡Déjese encontrar por El... Su existencia no será la misma!

* Fernando Alexis Jiménez es Director del Portal cristiano www.MensajerodelaPalabra.Com 

Dios nos concibió con todas las potencialidades para ejercer un liderazgo transformador en casa, en el trabajo y en la iglesia. 
Ejercemos un liderazgo transformador cuando permitimos que Jesucristo impacte nuestra vida, y a partir de allí, podamos tocar poderosamente la vida de las personas que nos rodean." 
Por Fernando Alexis Jiménez
Muchas manzanas cayeron en el solar de la inmensa vivienda que habitaba el físico y matemático Isaac Newton, pero sólo una le llevó a perder el sueño, perder el apetito y encerrarse por días enteros --olvidado de todo y de todos-- para esbozar un principio que marcaría un hito en la historia de la humanidad: la Ley de la Gravedad.

La sociedad inglesa no entendía muy bien a qué se refería, y no faltó quien murmuró por lo bajo al paso del científico,  que el cúmulo de ideas que bullían en su cabeza le estaban llevando a perder la razón. Todos veían simplemente una manzana. Y un hecho que había ocurrido por años, desde el momento mismo en que el hombre tuvo conciencia de existir, no revestía para ellos mayor importancia.

Sin embargo, Newton (Inglaterra 1642-1727) sentó las bases para establecer por qué razón un objeto es atraído por uno de mayor volumen, densidad y peso, lo que explica que los astros no anden volando por ahí, y que la luna se haya conservador por siglos fiel a la tierra, siguiendo su rastro... De no existir este principio, el universo sería un caos...

Una aplicación práctica a su vida espiritual...

Si meditamos en este incidente histórico, y lo aplicamos a nuestra vida espiritual, encontraremos la razón por la que muchos cristianos crecen mientras que otros se alejan progresivamente.

Si experimentamos la Ley de Gravedad en nuestra relación con Dios, alcanzaremos nuevas alturas y nuestra vida cristiana será exitosa. 

El Señor Jesús dijo: “Permaneced en mi, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por si mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mi. Yo soy la vida, vosotros los pámpanos; el que permanece en mi, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mi nada podéis hacer”(Juan 15: 4, 5). 

En cambio, distantes de El no avanzaremos y tenderemos siempre a regresar al caos personal que nos llevo a buscarle...

De la mano con esa intimidad que desarrollamos con Dios, los cristianos ejercemos una influencia transformadora entre quienes nos rodean. Impactamos positivamente a nuestro cónyuge, a nuestros hijos, a nuestros compañeros de trabajo e, incluso, las personas de la iglesia a la que asistimos. Todo parte de una decisión: Mantenernos asidos a la mano del Señor Jesucristo.

Su vida puede ser diferente, próspera, de éxito por encima de las adversidades. Pero resta que le abra su corazón al Señor Jesús y le permita obrar en su existencia... Gracias a El, llevará mucho fruto que se reflejará en una mejor relación con Dios, con quienes le rodean y consigo mismo... ¡Adelante! Es hora de empezar...

* Fernando Alexis Jiménez es Director del Portal cristiano www.MensajerodelaPalabra.Com y, junto con su esposa Lucero, pastorean la Misión Edificando Familias Sólidas en Colombia.

Conozca cinco fundamentos bíblicos para ser utilizados por Dios en Su obra. Decídase hoy a ser un instrumento poderoso en el Reino. 
Por Fernando Alexis Jiménez *
Cuando tenemos un encuentro con Jesucristo y emprendemos de Su mano el viaje hacia el crecimiento personal, espiritual y familiar, anhelamos ser utilizados para contribuir en la extensión del Reino de Dios.

¿Esa idea ha pasado por su mente? Probablemente sí. Y toma mucho más fuerza cuando leemos la gran comisión que nos hizo Jesús:

“Y les dijo: Id por todo el mundo; y predicad el Evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; más el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creyeren: En mi Nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; quitarán serpientes; y si bebieren cosa mortífera, no les dañará; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.”(Marcos 16:15-18 | La Biblia de Las Américas)

Leer este pasaje Escritural nos despierta muchas expectativas. Sería maravilloso ser instrumentos para ministrar con poder. ¿No le parece? Es una forma de proclamar a Cristo, que vive y obra en nosotros.

Hay una ruta sencilla que comparto con usted, trazada con fundamento en pasajes de la Biblia:

1. Apártese del pecado

Si desea ser útil en la extensión del Reino de Dios, y ser utilizado por Él con poder, apártese del pecado. Haga suyas las palabras del apóstol Pablo:

“Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo.  Pero en una casa grande, no solamente hay utensilios de oro y de plata, sino también de madera y de barro; y unos son para usos honrosos, y otros para usos viles.   Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra.”(2 Timoteo 2:19-21)

Sin duda Dios quiere utilizarnos poderosamente, pero un paso esencial es limpiarnos de todo peso de pecado. Renuncie a tiempo a todo aquello que le impide avanzar.

2. Arrepiéntase y pida perdón

Puede que usted haya sido un pecado contumaz por años. Y aún, en su condición de cristiano, siga inmerso en el pecado. Arrepiéntase y vuélvase a Dios. El Padre lo perdonará.

En las Escrituras leemos esta declaración poderosa del apóstol Juan: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.”(1 Juan 1:9)

Salga del común de la gente. Levántese en victoria, tomado de la mano de Jesús. No siga en la banca. Sea instrumento útil en manos de Dios para la extensión de Su Reino.

Ser santo no es que jamás caigamos en pecado. Sin duda puede ocurrir. Pero si caemos en pecado, debemos levantarnos y volver la mirada a Dios. No una sino cuantas veces sea necesario. Él debe ser el centro de nuestra atención y confianza.

3. Tenga su mirada puesta en Jesucristo

Quien nos llama a servir en el Reino de Dios es Jesucristo. Él es nuestro capitán, y va delante de nosotros para darnos la victoria en cualquier circunstancia.

Cabe aquí recordar lo que enseña el autor sagrado: "Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. "(Hebreos 12: 1, 2)

Ser instrumentos útiles en las manos de Dios es posible cuando nuestra mirada está puesta en Jesucristo.

4. Recuerde que usted servirá a Dios entre un pueblo escogido

Servir a Dios en la extensión de Su Reino es un gran privilegio. No podemos tomarlo a la ligera. Es algo extraordinario y gratificante ser instrumentos en Sus manos.

Sobre esa base, no podemos perder de vista el hecho de que Él espera que ministremos en medio de un pueblo escogido y santo:

“… a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.”(Efesios 5:27)

Pida a Dios sabiduría para obrar adecuadamente en medio del ministerio al que le llamó a servirle.

5. Disponga su corazón para Dios

Si tiene claro que Dios desea utilizarle con poder y quiere asumir el llamamiento a Su obra, disponga el corazón.

Hacerlo toma como fundamento los siguientes elementos:
Ø  Siga a Jesús, consciente de que Él marca el sendero (Lucas 9:23)
Ø  Permita que Él le muestre cada día la ruta a seguir, mediante el Espíritu Santo obrando en su vida (Romanos 8:11)
Ø  Permita que el Espíritu Santo sepulte en su vida las obras de la carne (Romanos 8:13).
Puedo asegurar que si dispone su corazón para Dios, ejercerá una influencia transformadora entre quienes le rodean y podrá, en el tiempo del Señor, ser útil en Su obra, contribuyendo decididamente a extender el Reino.

Si aún no ha recibido a Jesucristo como Señor y Salvador, y leyó este artículo mientras buscaba algún tema en la Internet, le animamos a recibir a Jesús como su Señor y Salvador. Prendido de Su mano emprenderá el maravilloso camino hacia el crecimiento personal, espiritual y familiar. Ábrale hoy el corazón al Hijo de Dios.


* Fernando Alexis Jiménez es Director del Portal cristiano www.MensajerodelaPalabra.Com Visítelo hoy. 

Dios nos consuela cuando perdemos un ser querido. En Él encontramos paz y sosiego, cualquiera sea la situación. 
Por Fernando Alexis Jiménez *
La pérdida de un ser querido jamás estará dentro de nuestras expectativas inmediatas. Por una extraña razón, inherente al ser humano, pensamos en todo menos en que algo malo pueda ocurrir. En momentos así lo menos aconsejable es abordar a la persona con recomendaciones tales como: “No te preocupes”, “Hay que resignarse”, “A todos nos puede ocurrir”, “No importa, al fin y al cabo la vida sigue”, “Tienes una familia que te ama, y todo volverá a ser normal”, entre otras expresiones.

En momentos así, en los que se confunden las emociones, lo más probable es que la persona reaccione con molestia ante las instrucciones para conservar la serenidad. Incluso, es posible que interprete esos consejos como una manifestación de incomprensión e intolerancia por parte de su interlocutor.

Una inclinación, muy natural, es a querer morirse también. En medio del dolor, el mundo se torna gris y llegan a concebir que nada tiene sentido, ni siquiera la existencia. Pueden incluso razones que nadie alrededor alcanza a imaginar siquiera lo que está experimentando.

Para ser sinceros, usted y yo jamás dimensionamos lo que está sintiendo el otro. Es probable que hayamos pasado por situaciones similares, pero no habremos sentido lo mismo. Recuerde que cada uno tiene su propia forma de asumir los períodos de dificultad. Con ese precedente, lo más aconsejable es permitirle que se desahogue, bien sea hablando o llorando. No interrumpirle, simplemente permitirle que saque todo el dolor que lleva dentro. Es esencial que vivan el duelo particular a su drama.

Una forma eficaz de ayudar a quien está enfrentando el dolor

Cuando alguien atraviesa por el dolor de perder un ser querido, lo esencial es que le brindemos acompañamiento. No juzgarle, señalarle o indicarle qué es lo que debe hacer. Simplemente acompañarle, estar a su lado, que sea que hay alguien que desea brindarle su respaldo.

Otras sugerencias en casos así son:

1. Escuchar sin interrumpir

2. No procurar que cambie de tema

3. Aconsejarle—en caso que haya lugar—pero midiendo mucho cada palabra

4. No colarnos como ejemplo de alguien que sí sabe manejar situaciones traumáticas

5. No imponerle tiempos o un cronograma para que haya resuelto su situación de duelo

6. No espere que la persona resuelva el conflicto de la noche a la mañana

7. En caso que la persona reaccione agresivamente, comprenda que está viviendo un momento difícil
Todos hemos pasado o tal vez atravesaremos por situaciones traumáticas, que desencadenan un conflicto interno.
En nuestra condición de cristianos, es a Dios a quien recurrimos en momentos complejos, para pedirle sabiduría, que nos ayude a encontrar las palabras apropiadas para aconsejar a quien vive una etapa de dolor emocional.
El manejo del dolor emocional a la luz de la Biblia

Las Escrituras, que siempre tienen una respuesta a nuestros interrogantes y nos brindan principios prácticos y sencillos para avanzar hacia la superación de los conflictos, enseña que es natural sentir que todo alrededor se vuelve gris cuando el dolor embarga nuestro corazón. 

El rey David escribió: “El dolor me nubla la vista; ¡se me nubla por culpa de mis enemigos!.”(Salmo 6:7) 

En momentos así, enfrentamos desánimo, y la concepción de que todo en torno nuestro no constituye más que un laberinto sin salida: “¡El dolor y los lamentos acaban con los años de mi vida! La tristeza acaba con mis fuerzas; ¡mi cuerpo se está debilitando!.”(Salmo 31:10)

Aunque los pasajes bíblicos se escribieron muchos siglos antes de que la sicología hiciera los modernos descubrimientos en el manejo de las situaciones de conflicto, los autores sagrados tenían claro que es fundamental el proceso del desahogo: “Cuando pienso en estas cosas, doy rienda suelta a mi dolor. Recuerdo cuando yo iba con la gente, conduciéndola al templo de Dios entre gritos de alegría y gratitud. ¡Qué gran fiesta entonces!.”(Salmo 42:9), sobre todo cuando se experimenta la sensación de amargura, desánimo y profundo dolor, difícil de describir con palabras (Cf. Salmo 39:2; 73:21; 116:3; 119:28)

Rinda su dolor emocional a Dios

El paso más apropiado, tal como lo enseña la Biblia, es entregar a Dios toda nuestra angustia y tristeza: “El Señor le dará fuerzas en el lecho del dolor; ¡convertirá su enfermedad en salud!”(Salmo 41:3) Nuestro amado Padre, promete cuidarnos: “…pues te cubrirá con sus alas y bajo ellas estarás seguro. ¡Su fidelidad te protegerá como un escudo!”(Salmo 91:4)

Por su parte, el apóstol Pedro recomendó que todos esos sentimientos encontrados, que provocan dolor y desaliento, debemos someterlos al Señor: “Dejad todas vuestras preocupaciones a Dios, porque él se preocupa de vosotros.”(1 Pedro 5:7)

Entregar al Señor todo cuanto nos doblega, no es otra cosa que dejar esos hechos dolorosos en Sus manos y permitir que obre en nuestra existencia, trayendo paz, como dice el apóstol Pablo: "Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús."(Filipenses 4:6, 7)
Le invito a considerar el hecho de que, para el autor, es imprescindible que vayamos al Padre celestial en oración. Volcarle todo cuando hay en nuestro corazón. Es decirle cómo nos sentimos, el temor que nos embarga y el desasosiego que gana terreno. Él nos comprende, no nos cuestiona y abre puertas para encontrar soluciones.
La respuesta, tal como la describe el apóstol Pablo, proviene de Dios y se evidencia en una “paz que sobrepasa todo entendimiento”. Esa paz traerá sosiego a nuestras emociones y nos ayudará a controlar los pensamientos que nos avivan el dolor y la tristeza.

¡Hay salida para el sufrimiento! Está en Dios. Él quiere ayudarnos, pero es necesario que le abramos las puertas del corazón. Vuelva su mirada Él, sin temor, ya que no quedará avergonzado.

* Fernando Alexis Jiménez es Director del Portal cristiano www.MensajerodelaPalabra.Com que le invitamos a visitar.

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